No digas, muestra

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Muestra tu mundo

Mostrar en vez de decir. Este es uno de los consejos más frecuentes en la red sobre escritura creativa, lo encontraremos al tratar de descubrir la piedra filosofal que lance nuestra obra al estrellato (os aclaro que esto último no existe).

Sí, muy bonito. Muestra, no digas. Pero, ¿en qué consiste exactamente? Lo primero que necesitamos son definiciones sobre decir y mostrar. Para estos casos os recomiendo Wordreference, el diccionario online que más uso. Aunque existen muchas otras alternativas.

Decir: expresar verbalmente el pensamiento.

Mostrar: explicar, dar a conocer mediante una explicación.

La clave de “no digas, muestra” es diferenciar entre expresar verbalmente un pensamiento y explicarlo. Por ejemplo, en vez de decir que tal personaje estaba alegre mejor mostrar que al caminar daba saltos y sonreía a cualquier persona que se cruzara en su camino. Algo muy parecido a la teoría del Iceberg de Hemingway pero centrado en lo que sienten los personajes en el mundo donde viven.

Pero, ¿para qué sirve esto?

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El tiempo en la narrativa

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Hoy os hablaré del tiempo, del tiempo como el periodo que transcurre cuando se desarrolla un acontecimiento o se realiza una acción, en nuestro caso del tiempo que ocupa la historia que contamos.

El tiempo de cualquier historia en literatura es lineal, salvo algunas pocas excepciones experimentales. Con el tiempo, situamos al lector en diferentes momentos de la trama desde el punto de vista del narrador. Es normal encontrar saltos, ya sea hasta el pasado para recordar sucesos o hacia el futuro para evitar escenas sin valor. Valernos de los recursos temporales en la literatura generará dramatismo y evitará momentos tediosos. Controlar cuando suceden los acontecimientos de nuestra novela es como disponer de una máquina del tiempo para contar la trama.

El propio narrado es quien nos mueve de un punto a otro, con el objetivo de que la trama resulte más atractiva. Cuando el orden cronológico de una historia no es el natural, va dando saltos, lo llamamos anacronía. Los saltos temporales se utilizan generar tensión, ganar el interés de los lectores, o para explicar sucesos que se respaldan con el pasado. Los recursos más frecuentes que alteran el tiempo son:

Prolepsis

Es cuando se adelantan sucesos que no han ocurrido aún, es decir, cuando un fragmento de la mitad o final de la trama se presenta al inicio de la historia. Dos grandes ejemplo son In Extrema Res o In Media Res. La meta de la Prolepsis es atrapar al lector con situaciones dramáticas que los incite a conocer cómo se llegará hasta ellas.

Analepsis

Es un salto al pasado, regresar en el tiempo a un momento que ya ocurrió para aclarar detalles que no se contaron en su momento, también conocido como flashback. Útil para aclarar los motivos de ciertas acciones que generaban dudas sobre las verdaderas intenciones de los personajes. Lo normal es utilizar la analepsis por medio de recuerdos.

Sumario

Se trata de mostrar un resumen en vez de narrar un montón de sucesos que no aportan valor a la historia o que resultarían aburridos para el lector. También se puede utilizar para obviar detalles que se quieran presentar más adelante en la trama. La clave del sumario es comprimir la información olvidándonos de los detalles.

Elipsis

Es cuando rompemos el tiempo y avanzamos rápidamente hacia delante, creando una historia más dinámica o para ocultar información que se presentará posteriormente. En la elipsis no se especifica, aunque sea vagamente, lo que ocurrió en el transcurso del tiempo omitido como sí ocurre con el sumario. La elipsis no necesita de motivos, da un salto hasta un punto determinado y la trama continua desde ahí. Muy útil para que transcurran días, semanas, meses o años.

Acronía o Silepsis

Es cuando una historia utiliza dos líneas temporales diferentes que van relacionándose conforme avanza la trama.

Ucronía

Es cuando alteramos un momento histórico que ya ocurrió. La Ucronía es una forma de contar qué ocurriría si…, es decir, qué hubiera ocurrido si algo hubiera alterado la historia. Genera interés porque presenta nuevas situaciones de algo ya conocido.

@NeoToki0

Mary Sue: la ruina de la perfección

 

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Una gran mujer real no es perfecta

En narrativa, Mary Sue se refiere a un arquetipo de personaje, normalmente protagonista. A grandes rasgos, Mary Sue es un prototipo de chica ideal: joven, hermosa y muy popular. Es capaz de superar cualquier tipo de adversidades sin apenas experiencia. Sin embargo, cuando denominamos a un personaje como Mary Sue, estamos tachando al personaje como un fracaso, es decir, posee características pobres y recurrentes. Como escritores, debemos evitar este tipo de personajes para evitar que la obra caiga en la mediocridad.

Aunque Mary Sue se refiera a un tipo personaje femenino también existe su equivalente masculino, conocido como Gary Stu o Marty Stu. Aunque a veces se le llama igualmente como Mary Sue. El significado de Mary Sue no difiere de Gary Stu, solo cambia su sexo. Originalmente, Mary Sue se creó a forma de sátira de los fanfictions que abusaban de este arquetipo, a partir de entonces se emplea para definir a ese tipo de personaje.

Evitar las características de Mary Sue hace que nuestros personajes sean más interesantes, sobre todo los protagonistas, pero incluir alguna de sus características de forma aislada no es malo. El problema viene cuando agrupamos casi todas. Por ello, en esta entrada os contaré sobre dicho arquetipo. Hace tiempo que quería hablar sobre personajes, desde que llamó la atención cuando me referí a los personajes como herramientas en el Tag de escritor. Continue reading “Mary Sue: la ruina de la perfección”

El pacto ficcional

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Conoce el pacto de ficcionalidad

El pacto ficcional, o de ficcionalidad, es un acuerdo tácito que existe en todo libro de ficción entre el autor y el lector. Es la base que fundamenta la narrativa, lo que proporciona verosimilitud a la historia, a los elementos presentados. Gracias a él, la narrativa se transforma en una actividad más amena y autentica. En géneros como la fantasía o la ciencia ficción el pacto ficcional toma mayor importancia al nutrirse, sobre todo, de elementos imaginarios o especulativos.

Con el pacto de ficcionalidad, el lector acepta los elementos imaginarios que suceden en la historia, diferenciando estos de las mentiras. Cuando alguien lee una novela o cuento de ficción imagina que los sucesos ocurrieron realmente. Si pensamos que el autor trata de convencernos sobre lo que cuenta o nos engaña entonces no disfrutaremos de la lectura. Aunque sepamos que los hechos nunca sucedieron, tanto en la experiencia de escritura como de lectura fingiremos que los sucesos de la trama ocurrieron realmente.

Si el lector mantiene incredulidad se aburrirá. Estará atento a la mínima contradicción o fallo que encuentre. Posiblemente abandone la obra a la primera de cambio. Imaginad a alguien leyendo Harry Potter cuestionando sobre la veracidad de un sombrero parlante, o la existencia de los dragones en Juego de Tronos.

Por su parte, el escritor añadirá en su historia tantos elementos ficticios como quiera, siempre que se respeten las reglas del mundo creado. Que exista magia no implica soluciones mágicas e incongruentes para resolver cada situación que se presente. Las bases del mundo se deben mostrar, de manera sutil pero clara, en los primeros compases de la historia. No se desvelará todo el funcionamiento en el principio, sería muy aburrido y tedioso, pero sí se debe aclarar sus derroteros.

Otra característica del pacto ficcional es cuando el escritor cuenta ciertas referencias sobre el mundo real que sirven al lector para entender claramente el mundo ficticio. Es muy difícil explicar elementos imaginarios sin hacer referencias a cosas conocidas. Del mismo modo, cuando el escritor obvia detalles o características de algún elemento, el lector entenderá que funciona como lo haría en la realidad que vivimos.

Hay que tener en cuenta que el pacto de ficcionalidad no se cumple siempre. De hecho, el lector romperá el pacto cuando el autor no respete las reglas. Buscar soluciones fáciles a los conflictos, abusar de los clichés y, sobre todo, ser incongruente sacará al lector de la experiencia. Romper el pacto significa que el lector rechazará a dicho autor en el futuro, significa que estamos haciendo mal nuestro trabajo.

@NeoToki0

Recursos narrativos: el Macguffin

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¿Qué guardará la caja?

Una caja cuyo contenido se desconoce presenta un potencial incalculable, se trata de un elemento capaz de representar esperanza, poder o riquezas. El misterioso transmite un sin fin de sensaciones, funciona como un gran catalizador para la imaginación, a pesar de no ser una idea innovadora en la narrativa. A veces cuenta con mayor importancia en una trama que el conocimiento.

Un objeto misterioso contiene un potencial equivalente a una página en blanco en manos de un escritor lleno de inspiración. Las historias con elementos misteriosos nos involucran más en ella, nos hacen sentir atraídos por esa aura magnética de lo secreto, de lo enigmático.

El elemento que hace avanzar la trama

El Macguffin es un recurso narrativo que pone nombre a los objetos o situaciones que ayudan al buen avance de la historia. Alfred Hitchcock atribuyó el nombre al recurso, quizás por ello se conoce más en el mundo del cine que en literatura.

El Macguffin es un truco, dota a los objetos de la suficiente importancia como para dirigir la historia hacia una dirección concreta, se utiliza como anzuelo para llamar la atención. A pesar de ser un engaño es ingenioso, su uso no afecta negativamente como sí lo hace el Deus Ex Machina. En una historia de piratas siempre hay un mítico tesoro que buscar, los espías lidian con documentos secretos o en casos más concretos como La Fundación de Isaac Asimov la gran Enciclopedia Galáctica a pesar de ser mencionada en diversas ocasiones nunca se muestra como tal.

La principal función del recurso es mover a los personajes por los distintos escenarios. El objeto dispone de un gran valor para los personajes pero a su vez se vuelve irrelevante para los lectores conforme avanza la historia. Un abuso o uso equivocado del elemento puede afectar a la historia, aunque sirva de catalizador, los personajes deben verse espontáneos y evitar acciones forzadas.

Los Macguffin de las historias se pueden cambiar por otro elemento similar en la mayoría de casos. Aquí es donde los autores deben sacar a relucir su ingenio y no conformarse con un objeto cualquiera. Un ejemplo de Macguffin bien elaborado es el maletín de Pulp fiction, el cual crea un aura de misterio entorno a él, provocado diversas teorías por parte de los fans. La película sería la misma si mostrara el contenido pero aquí se ve la elegancia de Tarantino al dotar a ese maletín de tanto misterio.

¿Qué tipo de Macguffin os han resultado más interesante y dónde los encontrasteis?

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Pulp fiction

El viaje del héroe II: los 7 personajes necesarios en toda historia

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Ilustración de Wojtek FUS

Los personajes forman un pilar fundamental en el desarrollo de una novela o película, nos conducen a través de la historia con sus propias acciones. Cada uno de ellos contiene unos arquetipos que definen la función que desempeñará dentro de una obra. Los arquetipos son máscaras, roles de los personajes. La función de un personaje puede cambiar a lo largo de la historia o combinar varias características a la vez.

En el viaje del héroe de Joseph Campbell también se habla sobre los personajes, si no leísteis la introducción sobre su teoría del monomito os invito a conocerla. Unas de las ideas presentadas por Campbell es que toda buena historia incluye a los mismos tipos de personajes. Más concretamente hablamos de 7 tipos de personajes que encontraremos en cada uno de nuestros libros o películas favoritas. Sus arquetipos pueden ser literales o simbólicos, por lo que servirán para cualquier género literario. Continue reading “El viaje del héroe II: los 7 personajes necesarios en toda historia”